El artista colombiano Tito Lombana es retratado por su nieta en un documental

BOGOTÁ, COLOMBIA. — Daniela Abad recibe a la Agencia Anadolu con una gran sonrisa, algo nerviosa, ansiosa y sobretodo honesta al recordar ese camino un poco angustioso que recorrió con su segundo documental, “The Smiling Lombana”, uno más sobre su familia, en medio de una búsqueda algo policíaca a juicio de la cineasta.

Abad, de 32 años, habla de la producción que se estrenó en las salas de cine colombianas este 17 de enero, meses después de la primera prueba de fuego que tuvo en el Festival de Cine de Cartagena (FICCI), ciudad donde nació aquel misterioso artista Tito Lombana Piñeres, abuelo materno de Daniela y protagonista ausente del filme.

Daniela relaciona un poco sus dos largometrajes, que indagaron en la vida de sus dos abuelos, uno asesinado, Héctor Abad Gómez, retratado en el documental “Carta a una sombra” (2015), basado en el libro “El olvido que seremos”, escrito por el padre de Daniela, Héctor Abad Faciolince.

“Los dos (Abad Gómez y Lombana) surgieron de una curiosidad, de un desconocimiento. Uno porque lo mataron y otro no lo conocí porque lo ocultaron de alguna manera. Eso tienen en común, la curiosidad de conocer a estos dos atractivos hombres (…) la desarrollé más o menos al mismo tiempo: cuando estaba haciendo ‘Carta a una sombra’ escribía The Smiling Lombana.”

¿Por qué investigar sobre aquellos hombres que se convirtieron en objetivo de sus documentales?

Daniela nos confiesa: “En el caso de Tito Lombana era un tabú, alguien que no había conocido porque mi familia había roto con él. Intenté buscar qué había pasado tan grave que los hubiera llevado a dejar de hablarle”.

La cineasta nunca pensó hacer documentales y menos sobre su familia. Argumenta que su “esfuerzo cinematográfico era hacer atractivos estos dos hombres. Eso es el ejercicio de hacer una película para mostrar lo extraordinario en lo ordinario”.

Argumenta que para las óperas primas es común que los realizadores “comiencen por historias más cercanas, tal vez es más fácil acceder a ellas… también es más fácil que a uno lo conmuevan con historias más cercanas, propias”.

De todas formas cree que esto es al principio de toda carrera. “Madurar es conmoverse con las historias ajenas, lo que me irá sucediendo”, asegura. Por esto fundó su propia productora, La Selva Cine, junto con otros amigos realizadores, para no solo hacer documentales sobre gente común y corriente con historias interesantes; también quiere hacer ficción y contar historias diferentes.

Daniela, nacida en Turín, Italia, y egresada de la Escuela de Cine de Cataluña, ESCAC, confiesa que todo el proceso de exponer ante el público su más reciente obra sigue siendo abrumador. Dice que existen dos sensaciones contradictorias: “Es muy tensionante que la película salga a cines, pero a la vez es muy satisfactorio desde el punto de vista profesional”.

Es la emoción de estrenar su segunda producción fílmica en un país que solo hasta hace algunos años empezó a interesarse en los formatos documentales. Por el lado familiar “fue un obstáculo. Fue difícil que estuvieran totalmente de acuerdo con hacer la película”.

¿Quién fue Tito Lombana?

La producción no huye de los matices morales de Lombana, ya fallecido. “El ascenso y descenso de un hombre cegado por la ambición… prometedor artista quien en su afán de escalar socialmente acaba con el amor de la italiana que se había convertido en su esposa. Su historia, que hasta hoy fue un gran secreto de familia, representa también la de un país que sufre una pérdida de valores por cuenta de la cultura del dinero fácil”, reza la nota de producción.

 

Lombana cayó en el olvido como artista, pero su legado puede apreciarse en la reconocida escultura “Los Zapatos Viejos” de Cartagena. Se crió en una familia humilde, obtuvo cierto reconocimiento en el país cuando a los 18 años ganó el Noveno Salón de Artistas y figuras del arte como Marta Traba resaltaron su corta obra.

También siendo joven logró una beca de estudios en el exterior, pero para los productores, “prefirió dedicarse, a espaldas de su familia a negocios no muy claros en una época marcada por la ambición…”.

Daniela intenta definir al personaje: “Él mismo se encargó de borrarse del mapa, no le interesaba… Siempre me pareció que fue una figura muy seductora al ser tan contradictoria, al ser una persona tan atractiva cinematográficamente hablando, por su físico, por ser un esteta, rodeado de cosas bonitas, además tenía un lado oculto, oscuro, desde que comencé a acceder al archivo era un personaje fascinante”.

Miguel Salazar, productor del filme, lo define como “un hombre estrambótico… Don Juan que vivió la vida intensamente pero que en esa intensidad también generó heridas muy difíciles de curar…”.

La historia de ruptura entre la familia de Daniela y Lombana surgió después de un caso por narcotráfico ocurrido en Estados Unidos en 1975, que involucraba a Tito Lombana con la justicia de ese país, tema que acaparó titulares en diarios norteamericanos y generó la idea de los realizadores de buscar a los defensores de aquel entonces de Lombana, Sam Alba y David Zapp, quienes se pusieron al frente de la cámara y narraron cómo había sido todo el proceso legal.

Alba, originario de México, fue defensor público y terminó como magistrado de la Corte Suprema en el estado de Utah. Zapp es abogado y habitual defensor de algunos narcotraficantes colombianos.

El caso estaba compuesto por 1.500 folios, según Salazar. Daniela Abad agrega: “Era una caja enorme llena de papeles que Miguel y yo analizamos detalladamente (…) Yo me sentí como una detective en un cuento de Agatha Christie”.

Daniela dice que “en la película teníamos tres elementos: el archivo fílmico, la voz de mi abuela y mi voz que era más reflexiva, que intervenía en puntos para que la historia avanzara más rápido… Fue un recurso que encontramos para encontrar la reflexión que queríamos generar”.

¿Y qué pretendía Daniela al exponer tan abiertamente a su abuelo y familia?

“Quería hacer una reflexión sobre la historia, más que hacer un documento histórico. No quería dar tantos datos, creo que por el periodo histórico los datos se han dado mucho antes… Hay mucha información sobre la violencia en Colombia. Quería generar más bien una conversación sobre esos años, ¿Qué nos pasó como sociedad?”.

El interés final de los realizadores, confiesa Daniela, era ver cómo gente del común se vinculaba con el narcotráfico. “No fue solo Pablo Escobar, caló mucho más hondo que eso, gran parte de la sociedad fue permeada por eso… El hecho de no conversarlo o desvincularse de eso como si no hubiésemos sido cómplices de esa realidad es lo que me parece equivocado”.

Daniela al final de la charla no oculta sus temores personales, que son más fuertes que el enfrentarse al público, de quienes espera solo una cosa: “Que salga generando pensamientos, reflexiones sobre muchas cosas, quién es uno, el país en el que vivimos, la estética que queremos. Mi esperanza es que la película se transforme en un diálogo con el espectador”.

(FECHA DE PUBLICACIÓN.24/01/2019//Agencia Anadolu/ Gustavo A. Delvasto D.)
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