Elena Rodríguez Falcón, la mexicana que dirige una universidad en Inglaterra

LONDRES, INGLATERRA. — Si yo tuviera mi propia universidad, no habría calificaciones, la carrera de ingeniería tendría la misma cantidad de hombres que de mujeres, y los estudiantes crearían tecnologías para beneficiar a la sociedad”. Ese era el sueño de la mexicana Elena Rodríguez Falcón, pero nunca imaginó que lo haría realidad en Inglaterra.

Elena dirige la creación de una nueva universidad en Hereford, una ciudad inglesa. Para septiembre del siguiente año, recibirán a sus primeros 50 estudiantes que obtendrán el grado de ingenieros con la metodología que le valió el reconocimiento de la Real Academia de Ingeniería de Reino Unido.

La mexicana empezó a dar clases en Sheffield, otra universidad de ese país, cuando un profesor dejó su plaza. En un curso les pidió a sus estudiantes desarrollar un proyecto para ayudar a Kiron, un niño de 11 años con parálisis cerebral. “No podía hablar, moverse o escribir, que era lo que él quería. Los muchachos se apasionaron muchísimo para ayudarlo y desarrollaron un prototipo para que pudiera realizar esas actividades”. Posteriormente trabajaron con el hospital de niños de esa ciudad, ayudando a quienes tenían “huesos de cristal”, es decir, que se fracturan con facilidad. “Mis alumnos diseñaron un aparato para ayudar a que los niños pudieran caminar. Este producto lo desarrollaron y lo aprobaron médicamente y ahora está en todas las instituciones médicas de Estados Unidos”.

Su presente está a más de ocho mil kilómetros de distancia de donde ella nació. Profesor Rodríguez Falcón, como le dicen en Inglaterra, creció en una familia tradicional de los años 70 en Monterrey. Su mamá era ama de casa y su papá trabajaba como ayudante en un departamento de compras.

Elena estudió Ingeniería Mecánica en la Universidad Autónoma de Nuevo León. “No soy una persona que venga de clase rica, que haya tenido dinero, que haya estudiado en universidades privadas. Toda mi vida ha sido trabajo”.

Cuando empezó a buscar empleo, notó que en muchas empresas preferían trabajadores varones. “El anuncio decía: `buscamos ingeniero mexicano, género: masculino´. Le dije a mi mamá: voy a aplicar; y ella me dijo: pero es sólo para hombres. Recuerdo que tenía una furia en el estómago”. La ingeniera no desistió, mandó su currículo y ganó el puesto. Por eso, para ella es muy importante que en su nueva universidad haya igualdad. “Queremos tener 50% mujeres y 50% hombres”.

En México, el porcentaje de mujeres que estudian una carrera en ingeniería es de menos del 30%. Sin embargo, el promedio está por arriba de Inglaterra, donde menos del 20% de ellas eligen una carrera vinculada a este rubro, de acuerdo con un reporte de la UNESCO. A nivel global, sólo el 28% de los investigadores del mundo pertenecen a este género.

Elena llegó a Inglaterra para estudiar una maestría. Unos meses antes de que se acabara su beca, aplicó para una oferta laboral en Sheffield. Aunque compitió contra muchos nativos nunca se sintió menos capaz. “No quiere decir que porque él sea inglés y yo sea mexicana, y él hombre y yo mujer; él sea mejor”.

Al principio, le ofrecieron un trabajo temporal por un año. “Pensé que iba a estar bien para mi CV. Después de unas semanas, mi jefe me dice: una profesora va a dejar una clase ¿Tú la puedes dar?”.

“Empecé a dar clases, como me las habían dado en Monterrey; y aquí, en Inglaterra, se daban igual. Pero yo me di cuenta de que a pesar de haber sido una buena estudiante, yo me sentí un ingeniero hasta que entré a la industria”, por eso la mexicana se acercó a los hospitales y buscó clientes que requirieran los servicios de sus estudiantes.

Elena dice que ella nunca buscó aprender a enseñar. Sino aprender a aprender. Por esa razón, su alma mater en Nuevo León le otorgó el doctorado Honoris Causa en Ingeniería. La profesora forma parte del consejo de esta institución y estaba de visita cuando recibió la noticia de que había sido seleccionada para presidir la nueva escuela de Hereford. “Yo no tenía un plan. Sólo estaba disfrutando del trabajo que estaba haciendo”.

Para Elena la diversidad es algo natural y se enorgullece de crear una escuela que rompe con los paradigmas de las aulas tradicionales. En su vida personal, también tuvo que disrumpir con sus creencias y la de sus padres. La mexicana estuvo casada por ocho años, antes de ‘salir del clóset’. “Concluimos que no estaba bien para ninguno de los dos, y tuve la oportunidad de ser yo misma”.

Cuando le contó a su padre sobre su orientación sexual lo primero que le dijo fue “¿Qué van a decir tus compañeros? Te va a afectar tu trabajo”. Sin embargo, Elena cuenta que ella nunca ha sido discriminada. “Yo pensé que iba a haber discriminación como gay y no fue. Como mexicana, y no fue. Como mujer en la ingeniería y no fue. Y no fue, porque yo no me presento de esa manera. Hay gente que tiene ese sentido de superioridad, pero sólo funciona si te sientes inferior”.

El 56% de las personas se encuentran “en el closet en el trabajo”, es decir, que esconden su preferencia sexual en el ámbito laboral, muchas veces lo hacen por recomendación de sus propios jefes; de acuerdo con la “Encuesta Diversidad y Talento LGBT en México” publicada este año por la ADIL, una agrupación que promueve la inclusión y respeto hacia las personas LGBT, en conjunto con la CNDH. En su primera encuesta, publicada cuatro años atrás, reportó que 1 de cada 3 personas LGBT en México han sufrido discriminación en el trabajo.

Por el momento, la mexicana, que también da charlas sobre sexualidad y diversidad en Reino Unido, está buscando patrocinadores para poder hacer crecer su escuela. “Yo quiero que 100 años después, cuando esta universidad sea famosa, alguien diga `una mexicana lo hizo´. Para que todos los mexicanos que piensen que no pueden, digan sí, sí se puede”.

(FECHA DE PUBLICACIÓN.06/01/2019 //

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