Cómo el escritor Víctor Hugo evitó que Notre Dame desapareciera en el siglo XIX

GRAN BRETAÑA. — La famosa catedral de Notre Dame, uno de los lugares más visitados de París, sufrió graves daños con el incendio ocurrido este lunes.

El fuego devoró dos terceras partes del techo de la edificación y derrumbó la aguja central, una torre añadida en el siglo XIX y que hasta el lunes estaba rodeada de un andamiaje por obras de reparación.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, lanzó una campaña internacional para recaudar fondos para reconstruir la catedral y se comprometió a que las obras finalicen en 5 años.

Esta no es la primera vez que el templo necesita una reparación de gran magnitud. La última ocurrió a mediados del siglo XIX, para revertir los graves daños que había sufrido durante la Revolución Francesa (1789).

La publicación de la novela “Nuestra Señora de París”, de Víctor Hugo, en 1831, fue el principal motor de esta restauración y logró que se salvara del estado ruinoso en el que se encontraba.

“Símbolo de poder y agresión”

Construida entre 1163 y 1345 en la Île de la Cité, Notre Dame (Nuestra Señora) de París es una de las catedrales góticas más antiguas y la tercera más grande del mundo, después de la de Colonia (Alemania) y Milán (Italia).

En sus ocho siglos de historia, Notre Dame ha tenido que ser reformada en varias ocasiones.

Pero fue durante la Revolución Francesa (1789) que sufrió los daños más serios hasta el incendio de este lunes.

En este periodo, los revolucionarios destruyeron estatuas de la galería de reyes y de los portales, y desmantelaron una aguja del siglo XIII.

Saquearon el edificio por considerarlo “un símbolo del poder y de la agresión de la Iglesia y la monarquía”.

Arrancaron el plomo del techo para fabricar balas, fundieron las campanas de bronce para hacer cañones y destrozaron muchas de las ventanas.

Hacia fines del siglo XVIII, el templo había quedado convertido en “una sombra” de su época gloriosa.

Notre Dame volvió a las manos de la iglesia Católica en 1801, pero nadie detuvo el deterioro.

Hasta que en 1831, Víctor Hugo publicó la novela romántica “Nuestra Señora de París”, ambientada en el siglo XV y que cuenta la historia trágica del jorobado Quasimodo, que cuida de las campanas de la catedral y que se enamora de la gitana Esmeralda.

“Edificio vulgar”

En la época en que el autor francés escribió el libro, “los parisinos consideraban que los edificios medievales eran vulgares, deformaciones monstruosas”, según explica el escritor y arquitecto Richard Buday en un artículo de 2017 en la página web Arch Daily.

“La historia gótica de París estaba siendo demolida en nombre de proyectos más respetables, si no más rentables. Víctor Hugo estaba alarmado”, añade Buday.

Pero la obra “tuvo in impacto tan dramático en la actitud del público francés hacia el patrimonio que ese mismo año el gobierno estableció la Comisión de Monumentos Históricos”, según la experta en literatura francesa y profesora emérita de la Universidad de Princeton (EE.UU.) Suzanne Nash.

Ante el clamor popular, el rey Luis Felipe I ordenó en 1844 la restauración del monumento.

Los arquitectos Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste Lassus asumieron el proyecto. A partir de 1857, tras la muerte de Lassus, Viollet-le-Duc, quedó como único encargado.

La restauración, que se extendió hasta 1864, consistió en la construcción de una nueva aguja central, una nueva sacristía, de un nuevo órgano y la instalación de nuevas estatuas y vitrales, entre otras reformas.

También añadieron las famosas gárgolas y quimeras que vigilan a los visitantes desde la fachada.

“¡Guerra contra los demoledores!”

Pero escribir la novela no fue lo único que hizo Víctor Hugo para salvar la catedral.

El autor veía a la arquitectura gótica “como una parte esencial de la historia de Francia” y creía que estaba amenazada por el barroco.

En 1825, seis años antes del libro, publicó un folleto titulado “¡Guerra contra los demoledores!”.

“Quién sabe qué edificios se están construyendo (con la ridícula pretensión de ser griegos o romanos en Francia, y que no son romanos ni griegos), mientras otras estructuras admirables y originales están cayendo cuando su único delito es ser francesas por origen, historia y propósito”, dice Víctor Hugo en el texto.

Además, cuando empezó la restauración de la catedral, Víctor Hugo participó activamente en un comité de tres personas que supervisó el proyecto.

Casi 200 años después, el clamor se repite para salvar una vez más el monumento.

(Publicado el 17/04/2019)

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