Encuentran evidencia del ‘zoológico de Moctezuma’
Representación del vivarium en Tenochtitlan en el Códice Florentino.Imagen: INAH
El hallazgo de restos de animales salvajes en fosas de la antigua ciudad de Tenochtitlan aporta nueva evidencia sobre la existencia de un vivario imperial asociado a Moctezuma y descrito en documentos históricos.
Representación del vivarium en Tenochtitlan en el Códice Florentino.Imagen: INAH
Cuando los conquistadores españoles llegaron a Tenochtitlan en 1519 (actual Ciudad de México), observaron un viviario o espacio dedicado al resguardo de animales como reptiles, depredadores, aves exóticas y especies acuáticas.
A ese lugar, los habitantes le llamaban Totocalli —Casa de Aves, en náhuatl—, mientras que fray Bernardino de Sahagún lo describió como «Casa de Fieras» en el Códice Florentino. En la actualidad, se le conoce popularmente como el «zoológico de Moctezuma», en referencia al tlatoani o emperador mexica.
Aunque el sitio exacto aún no ha sido localizado, arqueólogos han encontrado restos óseos de animales salvajes en distintas fosas de la antigua ciudad, lo que refuerza la existencia real de este vivario.
Fosa con huesos de águilas y espátulas rosadas.Fosa con huesos de águilas y espátulas rosadas.
Este hallazgo muestra una mezcla entre huesos de águilas y espátulas rosadas, una muestra de que los animales habrían vivido en un vivario de Tenochtitlan.Imagen: Leonardo López Luján/PTM
Un mapa, un libro y una posible ubicación
En su libro ‘El cautiverio de los animales en la antigua ciudad de Tenochtitlan (2026)’, el arqueólogo Israel Elizalde propone una ubicación probable del vivario a partir del plano de la ciudad de 1524 atribuido a Hernán Cortés.
«El vivario se ubicaba cerca del palacio de Motecuhzoma Xocoyotzin y a espaldas del recinto sagrado. En dicho mapa, el lugar aparece indicado en un recuadro dividido en ocho secciones», afirma Elizalde en una publicación de la revista Arqueología Mexicana.
«Curiosamente, los animales allí representados esquemáticamente coinciden en número y, en algunos casos, en forma con los que muestra una escena del Códice Florentino», agrega.
Evidencia arqueológica: animales en cautiverio
En su publicación, Elizalde aclara que no ha encontrado el lugar exacto del vivario, pero detalla el descubrimiento de 28 ejemplares animales exhumados en ocho ofrendas del Huei Teocalli (o Templo Mayor).
«Los animales que ahí se mantenían en cautiverio abarcaban una gran diversidad de especies, de las que los tenochcas obtenían tanto materiales suntuarios como ejemplares que servían como dones en los rituales que se celebraban en el recinto sagrado», explica.
Entre las especies identificadas hay pumas, jaguares, lobos, águilas, aves rapaces y otras especies silvestres.
«Sobre la fauna cautiva en el vivario, sabemos que era traída desde los diversos confines del imperio como producto del comercio, el tributo o los regalos», añade Elizalde.
Animales destinados al sacrificio ritual
La evidencia indica que muchos de estos animales fueron mantenidos en cautiverio con fines rituales: «Se estudiaron restos de 28 individuos de las especies águila real y harpía, codorniz, jaguar, lobo y espátula rosada, recuperados de las ofrendas identificadas», señala un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Los análisis revelaron enfermedades articulares, infecciosas y traumatismos regenerados. Este «grado de afectación permitió inferir cómo pudo afectar la vida del animal si hubiera estado en libertad, y concluimos que era imposible que muchos de ellos hubieran sobrevivido en estado salvaje con esas lesiones o enfermedades», puntualiza Elizalde.
No era un zoológico: era un espacio sagrado
Además de aves rapaces y grandes felinos, la evidencia indica que también se criaban lobos mexicanos (Canis lupus baileyi). Sahagún menciona zorros, serpientes, sapos y ranas, e incluso osos y bisontes, aunque estos últimos no han sido confirmados por restos arqueológicos.
Para Elizalde, estos animales eran vistos como «alimentos para los dioses» y el Totocalli no era un zoológico en el sentido moderno.
«Podemos afirmar que las especies que ahí mantenían los mexicas no eran exclusivamente para el goce de los moradores del palacio y sus visitantes, sino que formaban parte de una red muy importante para el abastecimiento de objetos de uso ritual», concluye.
Fecha de publicación domingo 25 de enero de 2026/DW
Editado por Jose Urrejola, con información de IFLScience, INAH y Arqueología Mexicana
