El aire en las pistas de hielo cubiertas es un riesgo para la salud de los atletas olímpicos
Donovan Carrillo durante su participación en Pekín 2022
Riesgos del aire en las pistas de hielo cubiertas
Si bien la nieve artificial parece en gran medida segura, no se puede decir lo mismo del aire que se respira en las pistas de hielo cubiertas. En este sentido, la literatura científica es inequívoca: las pistas cubiertas representan un riesgo documentado para la salud, especialmente para usuarios frecuentes: atletas, entrenadores y personal de mantenimiento.
El principal culpable son las máquinas para renovar el hielo que funcionan con propano o gasolina. Un estudio canadiense de 1993, publicado en el American Journal of Public Health, midió las concentraciones de contaminantes en siete pistas cubiertas durante partidos de hockey de dos horas. El monóxido de carbono osciló entre 4 y 117 partes por millón (ppm), mientras que las concentraciones de dióxido de nitrógeno alcanzaron entre 342 y 2.729 una parte por billón (ppb). Por cada hora de exposición a 1 ppm de monóxido de carbono los niveles de este en la sangre de los jugadores aumentaron en un promedio de 0,53 ppm. El estudio recomendó límites máximos de exposición de 20 ppm para monóxido de carbono y 250 ppb para dióxido de nitrógeno durante períodos de una hora.[5]
Brotes, intoxicaciones y efectos crónicos
Estos hallazgos no son meramente teóricos. En enero de 2011 en New Hampshire un grupo de jugadores de hockey desarrolló repentinamente síntomas respiratorios agudos, como tos, dificultad para respirar, hemoptisis y dolor torácico. Un joven de 19 años, previamente sano, fue hospitalizado con saturación de oxígeno reducida a 88 % a 91 % (normal >95 %) e infiltrados pulmonares bilaterales. La causa se atribuyó a concentraciones peligrosamente altas de dióxido de nitrógeno agravadas por un sistema de ventilación defectuoso.
En Finlandia un estudio de 2007 documentó brotes de intoxicación por monóxido de carbono que afectaron a más de 300 personas en pistas de hielo. Las causas comunes fueron altas emisiones de las máquinas de propano, reducido volumen de las pistas y ventilación inadecuada. El estudio también reveló efectos más sutiles: entre los jugadores jóvenes de hockey la rinitis (18,3 %) y la tos (13,7 %) durante o después del entrenamiento se asociaron significativamente con la exposición personal al dióxido de nitrógeno.[6]
La preocupación se intensifica cuando se examina la salud respiratoria a largo plazo de los atletas. Una revisión sistemáticade 2024 analizó estudios de esquiadores y jugadores de hockey de élite: 27 % de los esquiadores y 14 % de los jugadores de hockey fueron diagnosticados con asma, con porcentajes aún mayores que reportaron síntomas respiratorios y broncoconstricción inducida por el ejercicio.[7]
Un estudio de 2003 publicado en el European Respiratory Journal examinó 88 jugadores de hockey de élite: 24 % mostró hiperreactividad bronquial y 15 % presentó asma establecida. El análisis de esputo reveló inflamación mixta neutrofílica y eosinofílica, patrón que sugiere un «asma del atleta» específico, distinto del asma alérgica clásica.[8,9,10,11]
Finalmente, un estudio de 2004 con jugadoras de hockey de élite documentó deterioro progresivo de la función pulmonar a lo largo de cuatro años de entrenamiento. Las jugadoras que cambiaron de pistas con bajas concentraciones de partículas a pistas con niveles altos mostraron disminución significativa de la función respiratoria. El daño afectó predominantemente las vías respiratorias pequeñas, lo que sugiere un proceso de remodelación que podría no ser totalmente reversible.[12]
¿Por qué los atletas son especialmente vulnerables?
La vulnerabilidad de los atletas tiene clara base fisiológica. Durante el ejercicio intenso la ventilación pulmonar aumenta drásticamente; los esquiadores pueden superar los 100 litros por minuto. El cambio de respiración nasal a bucal evita los mecanismos naturales de calentamiento y filtración permitiendo que grandes volúmenes de aire frío, seco y potencialmente contaminado lleguen directamente a las vías respiratorias inferiores.[13]
El aire frío provoca la pérdida de agua y calor de las vías respiratorias, lo que desencadena una cascada inflamatoria. Estudios en esquiadores han documentado infiltración de neutrófilos en las vías respiratorias, daño epitelial visible en la broncoscopia e inflamación neutrofílica y linfocítica con remodelación en muestras de biopsia. Cuando se suma la exposición a monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno y partículas finas de los motores de combustión en pistas cubiertas, la combinación se vuelve realmente perjudicial.[13]
Recomendaciones de prevención e investigación
Una revisión de 2012 en el British Journal of Sports Medicine describió varias estrategias preventivas:[14]
Calidad del aire: aumentar la ventilación y sustituir las máquinas de combustibles fósiles por eléctricas. El comité organizador de los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010 adoptó esta medida primero y Milán-Cortina también avanza en esa dirección.[15]
Dispositivos de intercambio de calor y humedad: reciclan el calor y la humedad del aire exhalado calentando el aire inspirado de -10 °C a más de 19 °C. Un estudio realizado en 2023 con esquiadores y biatletas de élite reveló que estos dispositivos previenen eficazmente la broncoconstricción, pero la resistencia adicional y la acumulación de hielo dificultan su uso en competición.[16]
Límites de temperatura: la International Ski Federation establece una temperatura mínima de -20 °C para las competiciones de esquí de fondo. Los atletas han solicitado límites más conservadores reconociendo la exposición al frío extremo como un riesgo para la salud laboral.
Farmacoterapia: en atletas con asma o hiperreactividad bronquial montelukast ha demostrado protección específica contra la broncoconstricción causada por la inhalación de aire de pista contaminado con partículas finas. Los estudios sugieren que el daño respiratorio podría estar mediado por leucotrienos.
Monitoreo sistemático: el Comité Olímpico recomienda un enfoque multidimensional para mejorar la calidad del aire en los estadios: monitoreo continuo, respuesta rápida cuando se superan los umbrales, mantenimiento regular de los equipos y capacitación del personal.
Fecha de publicación viernes 6 de febrero de 2025/ Este contenido se tradujo de Univadis Italia, parte de la Red Profesional de Medscape.
