Francia amanece con resaca luego un sábado caótico de protestas.
PARÍS, FRANCIA. — Vitrinas rotas, calles con patinetes y restos de basura quemados, un Ayuntamiento calcinado… Francia se despertó este domingo con la resaca de las protestas multitudinarias y los numerosos y graves episodios de violencia urbana del sábado. Las miradas seguían puestas esta mañana en la sede consistorial de Limoges (centro). La Prefectura ha anunciado que ese gran incendio provocado por manifestantes «se encuentra controlado», tras haber quemado el tejado, buena parte del interior y provocado la caída del campanario. Existe el riesgo de que acabe derrumbándose ese edificio decimonónico.
«La República en llamas». Así titula en su portada ‘La République du centre’, principal diario local de Limoges. Ese gran incendio en una alcaldía fue seguramente el episodio de violencia urbana más grave. Las manifestaciones contra el alto coste de la vida y la precarización de los servicios públicos dejaron escenas con tintes insurreccionales. Hubo destrozos en los ayuntamientos de Marsella y Lille, así como en la residencia de la prefecta (delegada del Gobierno) en Burdeos. Grupúsculos de manifestantes violentos —una minoría entre los más de 550.000 que protestaron en el conjunto del país, la mayoría de ellos de manera pacífica— quemaron coches, incendiaron barricadas y saquearon hasta 1.500 tiendas en el conjunto del país.
Las fuerzas de seguridad detuvieron a 1.800 personas, según datos comunicados el domingo por la mañana por el Ministerio del Interior. En el caso de París, se produjeron 855 arrestos, «una cifra récord» en la capital según la prefectura de la Policía. El Ejecutivo también informó de 500 agentes heridos y no dio un balance de heridos entre los manifestantes.
No obstante, se sabe que un joven implicado en las protestas perdió una mano en Saint-Étienne, cerca de Lyon, a causa de una granada policial. Otro manifestante murió tras sufrir un ataque en el corazón durante la marcha en la capital en unas circunstancias que se desconocen. Es decir, no hay informaciones sobre si perdió la vida durante el tramo pacífico de esa protesta multitudinaria —con más de 110.000 personas, según datos gubernamentales— o en medio de los enfrentamientos con los antidisturbios.
Los disturbios más graves desde 2023
Más allá de la triste muerte de ese manifestante, las protestas del sábado, convocadas a través de las redes sociales y apoyadas por sindicatos y partidos de izquierdas, han impactado a la opinión pública por la dimensión de los daños materiales. No se habían visto tales escenas en la bulliciosa sociedad gala desde la revuelta en las barriadas del verano de 2023, tras la muerte de Nahel, de 17 años, disparado a quemarropa dentro de un coche por un agente de Policía. Mientras entonces la mayoría de los destrozos se produjeron en localidades modestas y periféricas, ahora han tenido lugar en el centro de grandes ciudades.
Los alcaldes de París y Marsella —ambos del Partido Socialista— han criticado al Gobierno de Sébastien Lecornu por el dispositivo policial, que consideran que no estuvo a la altura y fue incapaz de frenar los múltiples disturbios. De hecho, los servicios de inteligencia habían subestimado la dimensión de estas protestas, que tuvieron lugar después de tres semanas de un potente movimiento estudiantil. Pronosticaron que como mucho habría 150.000 manifestantes en el conjunto del territorio galo, pero el sábado por la tarde informaron de una cifra de participación cercana al cuádruple (550.000).
La oposición pide la dimisión del ministro del Interior
«Quiero explicaciones», ha declarado el alcalde marsellés, el socialista Benoît Payan, durante una comparecencia matutina en la que se ha mostrado muy crítico con el Ejecutivo. «Pido que haya una transparencia total. Había alertado de una situación que podía degenerar. Espero que la sexta potencia del mundo no esté jugando con fuego», añadió este dirigente, quien ya había criticado que el sábado por la mañana solo hubiera una unidad de antidisturbios desplegada en la segunda localidad más poblada del país.
Por su lado, el edil parisino, Emmanuel Grégoire, ha lamentado «la falta de presencia policial» para evitar los saqueos de tiendas en la capital, donde se repitieron hasta altas horas de la noche del sábado al domingo. «Creo que nunca habíamos visto un nivel de violencia como este» en París, añadió.
Desde la extrema derecha de Marine Le Pen hasta representantes de varias formaciones de izquierdas, han pedido la dimisión del ministro del Interior. Ante las críticas, Laurent Nuñez, que lleva un año en el cargo, negó que las fuerzas de seguridad no supieran anticipar la situación. «El dispositivo policial no fue inferior a lo requerido. Nos enfrentamos a una llegada masiva de agitadores y saqueadores que actuaban en grupo y se dispersaban rápidamente. Cuando uno se enfrenta a grupos dispersos como estos, resulta muy difícil frenarles», dijo.
Varios agentes de policía, sin embargo, sí que se han mostrado más críticos y han reconocido haberse visto desbordados. Las autoridades habían cerrado 25 paradas de metro en París y prohibieron que la marcha convocada por los sindicatos estudiantiles se dirigiera hacia la Plaza de la Concordia, cerca del Palacio del Elíseo y la Asamblea Nacional. Pero eso no impidió a centenares de manifestantes llegar a esa zona. Se produjeron enfrentamientos con los antidisturbios a tan solo 300 metros de la sede de la jefatura del Estado. «Algo ha fallado. No es aceptable que haya grupos que lleguen tan cerca del Elíseo», reconoció un agente en declaraciones a ‘Le Monde’.
PUBLICADO EL 18 DE OCTUBRE 2026 Con información de ABC)
