Infecciones de transmisión sexual en aumento
Imagen ilustrativa. Crédito : Istock
Cada día más de un millón de personas con rango de edad entre 15 y 49 años contraen una infección de transmisión sexual susceptible de curación y solo en 2022 se reportaron 8.millones de nuevos casos de sífilis, 1millón 200 mil casos de hepatitis B y casi 1 millón de nuevos casos de hepatitis C, así como incremento en gonorrea multirresistente, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El aumento de infecciones de transmisión sexual no equivale a un escenario de desconocimiento en el ámbito médico, sino un problema persistente que se mantiene a pesar de la disponibilidad de pruebas diagnósticas y tratamientos eficaces. Es parte de un patrón en el que se presenta un rango de infecciones, causadas por más de 30 bacterias, virus y parásitos que pueden transmitirse por contacto sexual, clínicamente diverso y complejo; difícil de contener si la prevención y la detección temprana no funcionan de forma sostenida.
Este carácter diverso se acompaña de una dificultad adicional; muchas infecciones de transmisión sexual cursan sin síntomas durante largos periodos. La evidencia descrita por la OMS señala que esta presentación asintomática retrasa el diagnóstico y favorece la transmisión involuntaria incluso en personas que cuentan con acceso a Servicios de Salud.
Cuando estas infecciones no se identifican ni se tratan oportunamente, se presenta infertilidad, embarazo ectópico, transmisión materno-infantil y mayor riesgo de adquirir otras infecciones de transmisión sexual.
La pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión. Durante este periodo se observó un repunte de sífilis y gonorrea. Esta última emergió como un problema creciente tanto por su incidencia como por la identificación de cepas multirresistentes.
En Europa los datos muestran aumento sostenido de las infecciones de transmisión sexual bacterianas y confirman que la vigilancia es una herramienta central para identificar tendencias, anticipar riesgos y diseñar estrategias de prevención y atención. Para 2024 en España se notificaron 41 mil 918 casos de clamidia, incremento de 10,2 % respecto a 2023, así como 11 mil930 casos de sífilis, lo que representa un aumento de 6,7 % en el mismo periodo. Para hacer frente a esta realidad, la estrategia sanitaria se basa en un enfoque integral que incluye prevención, diagnóstico y tratamiento oportunos, atención a la cronicidad y la mejora de la calidad de vida de las personas que viven con infecciones de transmisión sexual.
En Latinoamérica la tendencia es comparable. En Brasil la sífilis adquirida es descrita como un problema importante de salud pública, con aumento sostenido de los casos tras una breve disminución observada en 2020. Los registros muestran que las notificaciones pasaron de decenas de miles a más de 200.000 al año en menos de una década, evolución que refleja la persistencia de la transmisión en un contexto donde el diagnóstico y el tratamiento están disponibles, pero no siempre se llega a tiempo.
En México entre 2019 y 2023 se documentó aumento simultáneo de sífilis, virus de inmunodeficiencia humana y mpox, patrón descrito como sindémico. Las vulnerabilidades identificadas incluyen barreras de acceso a Servicios de Salud, diagnóstico tardío, interrupciones en la atención durante la pandemia y desigualdades estructurales que afectan en mayor medida a adolescentes y adultos jóvenes, cuyas edades oscilan entre 18 y 45 años.
Dentro de este escenario la sífilis congénita se ha consolidado como un indicador crítico. Los registros muestran aumento sostenido de casos entre 2016 y 2023 pese a tratarse de una afección prevenible mediante diagnóstico y tratamiento oportunos durante el embarazo. La evidencia señala que estas oportunidades de prevención no siempre se concretan. El tamizaje y tratamiento de infecciones de transmisión sexual durante el control prenatal no se realizan de forma sistémica, lo que aumenta el riesgo de transmisión vertical.
A estas limitaciones estructurales se suman barreras sociales persistentes. La vergüenza, el estigma y la presencia de mitos en torno a las infecciones de transmisión sexual no solo retrasan la consulta: aumentan el riesgo de transmisión al prolongar periodos sin diagnóstico y dificultar que las personas accedan a pruebas y tratamiento, incluso cuando existen síntomas o antecedentes de riesgo.
Este retraso tiene implicaciones clínicas directas: diagnósticos tardíos, mayor probabilidad de complicaciones y continuidad de la transmisión. La atención primaria, que podría resolver una proporción importante de estos casos, pierde eficacia cuando la consulta ocurre tarde o cuando el tamizaje se evita por miedo o desinformación.
Algunos sistemas de salud han intentado responder ampliando el acceso al diagnóstico. En Francia el aumento de la incidencia llevó a eliminar barreras administrativas y enviar al domicilio de mujeres jóvenes equipos de autotoma a fin de facilitar la detección oportuna y reducir retrasos en el diagnóstico.
Este tipo de intervenciones muestra que es posible actuar sobre los puntos donde la atención suele fallar. Acercar el diagnóstico a la población, simplificar los circuitos de acceso y reducir barreras administrativas permite detectar infecciones en etapas tempranas, iniciar tratamiento oportuno y cortar cadenas de transmisión antes de que se traduzcan en complicaciones prevenibles.
El control del incremento de las infecciones de transmisión sexual exige una transición hacia modelos de atención integral que prioricen la accesibilidad y la eliminación de barreras culturales. Si se logra articular la vigilancia sólida con una prevención libre de mitos, el diagnóstico dejará de ser una reacción tardía. La meta es clara: transformar la disponibilidad de recursos en resultados clínicos medibles frente a una problemática que hoy desafía al sistema de salud.
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Fecha de publicación sábado 14 de febrero de 2025/ Medscape
