Ago 7, 2026

NOTAS SUELTAS. El arte de odiar

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trump enojado

“El odio es la venganza del cobarde” (George Bernard Shaw).

 

Como es costumbre, el ingenioso Mr. Trump deja volar su imaginación y atrapa al vuelo la idea de que el sur es malo, feo, pobre, moreno y delincuente, en modalidad terrorista.

 

Desde luego que los encargados de hacer operativas las evacuaciones emocionales del magnate presidente del corporativo sionista que gobierna el país vecino, o sea los miembros de su gabinete y aparato de intervención extraterritorial, de inmediato pusieron a andar la maquinaria de repartición de culpas y administración de drogas llamada DEA.

 

Además de aventar acusaciones sin rastro probatorio y alentar sospechas, inquinas y culpas hacia el público elector de noviembre sobre los males de una vecindad perniciosa, se ofrece el estímulo monetario de algunos millones de devaluados dólares con el ánimo de propiciar denuncias, acciones punitivas, traiciones y avanzadas ganonas hacia el sur.

 

Ya tenemos algunos antecedentes de operaciones de secuestro y extracción de algunos personajes, donde la política se confunde con la persecución criminal extraterritorial, demostrando que para el afán justiciero acuñado en Hollywood no hay fronteras ni leyes nacionales o internacionales que respetar.

 

Tampoco hay acuerdos de cooperación ni compromisos firmados y debidamente fotografiados en los medios oficiales y de información que emanen de una voluntad que acate las reglas establecidas para el caso.

 

En las recientes declaraciones del titular de la DEA, queda claro que la droga es la palanca trumpista de la intervención extraterritorial por cielo, mar y tierra, y México con todo y su oferta de “cooperación y no subordinación” carece de elementos más allá del discurso con qué detener lo que se les está dando la regalada gana hacer a los feligreses de Trump. Ahora recordamos a Luis XIV con su declaración de que “el Estado soy yo”.

 

Para los que consideraban obsoleto y trasnochado el término “imperialismo”, declarado obsoleto por sociólogos y politólogos de avanzada, las oleadas de realidad ahora golpean con más fuerza. El imperialismo y las luchas contra su ideología son el pan nuestro de cada día, y la lucha soberanista debe considerar todas sus opciones.

 

Desde luego que no se trata de defender al narcotraficante, al lavador de dinero, al sicario, al que usa los huecos de la ley e impone su voluntad criminal por la fuerza de amenazas y agresiones. No se trata de justificar ni defender el crimen organizado, sino de entender que no hay causa sin efecto, ni efecto sin causa, y que sigue vigente el concepto de soberanía nacional.

 

Los gringos se manifiestan horrorizados y se declaran en “shock” por las muertes por sobredosis que ocurren en cada calle de cada ciudad, así como el horror de la inseguridad que acompaña la venta, compra y consumo de sustancias estupidizantes y desinhibitorias que hacen el día de millones de consumidores del otro lado de la frontera, donde no es raro ver calles enteras de gringos zombificados por cualquier variedad de opiáceos, drogas sintéticas y recientemente fentanilo, terminando en muerte por sobredosis.

 

La muy arraigada tradición de huir del dolor físico, mental, emocional, mediante cápsulas, comprimidos, polvos, gases o líquidos es una realidad clara, visible e innegable en EUA. Dicha rutina terapéutica que termina siendo enajenante y destructiva fue, según está documentado, inducida por la codicia de la propia industria farmacéutica con la complicidad del área de salud pública correspondiente, y luego como parte del apoyo emocional que el gobierno consideró necesario para sus soldados en sus muy frecuentes guerras y operaciones militares a lo ancho del mundo, fabricando masivamente adictos.

 

Las drogas han sido una herramienta estratégica en la política exterior gringa, siempre ligada a intereses de la industria militar, energética y financiera, además de ser facilitador de acciones políticas que requieren de justificaciones rápidas, adaptables y difícilmente comprobables desde un punto de vista formal.

 

En este entramado de razones o pretextos, brilla con luz propia la cobarde paranoia del vecino, reducido a invertebrado moral, por su ausencia de apego a la verdad, la alergia a la autocrítica, la escasa capacidad de afrontar sus frustraciones y recomponer el rumbo.

 

Resulta un juego de ingenuidades tratar de arreglar una relación signada por el abuso y la ausencia de respeto. Los gringos prefieren buscar culpables antes que reconocer que son una sociedad enferma por su propio interés expansionista, por su ausencia de valores personales y familiares, por su falta de integridad y nulo compromiso con la verdad.

 

Así como venden armas, organizan redes de lavado de dinero, crean estructuras de dominación basadas en la corrupción, las complicidades y el miedo. La droga es una herramienta del imperio, y resulta fácil mantener redes de distribución al mismo tiempo que instancias burocráticas que supuestamente las combaten.

 

El control de la narrativa, la recategorización de conductas y delitos, el argumento de la seguridad nacional, crean un frente operativo contra la soberanía e independencia de los países que cuentan con recursos estratégicos susceptibles de ser aprovechados y comercializados por el imperio. La cleptocracia sin más propósito que la apropiación del patrimonio ajeno es la base del recientemente inaugurado tecno feudalismo.

 

En consecuencia, el discurso que invade mentes y conciencias es el del odio, es el de la claudicación de lo humano, es asumir la apariencia y las manifestaciones de fuerza como el credo político vigente, sin conciencia y sin culpa, porque están defendiendo los valores fracturados que se expresan en Make American Great Again. El odio sistematizado y tecnificado puede ser operativamente útil y, al final, una forma perversa de arte.

 

http://jdarredondo.blogspot.com

 

Fecha de publicación viernes 7 de agosto de 2026

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