Jul 9, 2026

NOTAS SUELTAS. El ogro imperial

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trump naranja

Donald Trump el color naranja de su rostro se debe a la aplicación constante de spray de bronceado artificial según han explicado cosmetólogos debido a que él es muy blanco casi albino

“Las apariencias engañan” (dicho popular).

 

 

En la lucha por los pronombres y los adjetivos, se nos olvidan fácilmente los sustantivos, los nombres que distinguen en la narrativa los hechos, los lugares y los actores del drama (o comedia) que vivimos o sufrimos en nuestra actualidad.

 

 

La vida cotidiana resulta ser algo que zurcimos con recuerdos de lo inmediato, con ideas y premoniciones, con imaginación y chispazos de realidad.

 

 

La idea de que los gringos son los defensores de la democracia, la libertad y el comercio como fuente de poder personal y nacional supone un tipo de realidad estereotipada que ya casi nadie da por cierta, que presenta grietas y fisuras que deslucen la imagen que el cine, la televisión y ahora las redes sociales y las plataformas de noticias y entretenimiento se empeñan en vendernos como la nueva actualidad, como la verdad que revela, define y codifica la conducta socialmente aceptada e indiscutible.

 

 

Tras cada sujeto angloparlante hay una historia económica, militar y cultural que permanece oculta a plena luz del día, pero que no se capta o analiza racionalmente gracias al velo narrativo construido por los medios de readaptación cultural que el sistema provee al pueblo y gobierno que parasita. La idea de colonización por medios culturales resulta muy natural, como todo lo que se construye gracias a la pérdida de memoria e identidad. El hecho de parasitar a un pueblo ajeno y montarse en su historia y expectativas va de la mano con el nuevo imperialismo, sin balas, pero con la capacidad de destruir narrativamente cualquier oposición.

 

 

No hace mucho, el fervor anticomunista rindió pleitesía a la nueva defensa de la civilización occidental contra el virus rojo del comunismo oponiéndole la OTAN, la expansión militar y de inteligencia gringa, defensora de los valores de Occidente. El comunismo como enemigo de principios y valores de las sociedades hechas a la imagen y semejanza de Estados Unidos, fue condenado por muchos. La guerra fría terminó calentando los ánimos globales y la unipolaridad emergió como la nueva realidad defensiva posible, frente las acechanzas de la soberanía de los pueblos, y los reinventados rostros del terrorismo y la sedición.

 

 

Aquí, la mejor defensa es el ataque, antes que la contraparte ataque o piense en hacerlo. Ya ve usted que Venezuela ha sido el blanco de mil y una trapacerías, como lo es Cuba. Tras el secuestro del presidente Maduro y la cesión petrolera, viene el terremoto con olor a geoingeniería y manipulación telúrica, para dar paso a la generosidad gringa e israelí que invaden Venezuela en el supuesto de cumplir labores humanitarias.

 

 

Estados Unidos e Israel responden a la tragedia antes de que la nación afectada les pida ayuda. Soldados de uno y otro país se instalan en modo humanitario para medir, sopesar y planear la ruta a seguir en el plan de “reconstrucción” de Venezuela. El terremoto no es sólo material sino político y expansionista, porque le levanta una tarjeta roja a la realidad.

 

 

La película del heroísmo enlatado en Hollywood que se despliega sobre Latinoamérica y el Caribe, aprovecha y rentabiliza las tragedias que el norte global provoca.

 

 

La narrativa anglosionista se fortalece mediante la construcción de una nueva faceta humanitaria como vehículo de penetración geopolítica, de justificación imperialista, de generosidad impulsada por el interés de dominio y subordinación, de relanzamiento de las fobias anticomunistas y antiterroristas construidas por encargo que privilegian la seguridad antes que la libertad. El Escudo de América frente a la historia y la realidad.

 

 

Aquí, mientras se pronuncian discursos sobre la libertad y la colaboración, se impone la condición de conjurar cualquier atisbo de pensamiento independiente, de soberanía y dominio de la nación sobre su territorio, bienes y destino. La contradicción es tan evidente que casi no se nota. Tan chocante que muchos gobiernos prefieren voltear a otro lado, al pasado heroico de las independencias nacionales, de la construcción de Patria y la consecuente celebración de su historia y valores.

 

 

Se escribe una nueva página del drama económico, político y moral de América Latina, con sus venas más abiertas que nunca, con su memoria insomne, con su destino secuestrado y su vuelta al pasado colonial sin virreinatos ni monarquías, sin héroes de la independencia, sin pólvora que defienda lo propio y entrañable, y que tiende al olvido selectivo, a las visiones falsarias de una nueva narrativa que suena soberana, que supone independencia, que aparenta libertades y propósitos nacionales.

 

 

Resulta que el ogro globalista vigila el rebaño, pastorea en el espacio económico nacional las nuevas vertientes productivas, ampara las soluciones financieristas para dejar atrás las soluciones productivas que huelan a autosuficiencia y soberanía.

 

 

La historia nacional, así tratada, confunde sur con norte, dependencia con independencia, progreso con estancamiento maquilador, y la visión de futuro se torna inexplicable sin las cadenas que nos sujetan al siempre renovado imperialismo.

 

 

México, Cuba, Venezuela y los países que son gobernados por las derechas cipayas deben despertar y ver lo que en realidad es importante y liberador, y ver que cada paso que se da en dirección a la industrialización y al fortalecimiento del campo, es un paso en favor de la nación y su proyecto fundacional. El ogro anglosionista no debe prosperar por nuestra cómoda complacencia, por la narrativa pusilánime y traidora de la cooperación, la coordinación de esfuerzos con el autor de la debacle nacional, por la llamada que decreta la tarjeta roja a nuestras iniciativas más soberanas. Reclamamos al gobierno que haya seriedad, más acción y menos mendacidad discursiva, y al pueblo memoria y acción afirmativa.

 

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Fecha de publicación jueves 9 de julio de 2026

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