Mar 20, 2026

NOTAS SUELTAS. La culpa es de los otros

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Palestina en ruinas

 

 

“El que mata y tortura sólo conoce una sombra en su victoria: no puede sentirse inocente. Necesita, pues, crear culpabilidad en la víctima” (Albert Camus).

 

 

HERMOSILLO, SONORA, MX. — En todo error, fracaso, pérdida, desliz, tropezón o simple regada de tepache siempre hay un culpable. El problema surge cuando hay que deslindar responsabilidades, o sea, asignar culpas y anticipar castigos, sanciones o varapalos.

 

Ahí tiene usted la bronca con Palestina, donde Israel reclama espacios que jamás ha tenido pero que, tras una lectura bíblica comodona y autocomplaciente, decide que la propiedad inmobiliaria perpetua y completa les corresponde por promesa divina.

 

Lo insólito es que pretende justificar la invasión en oleadas (auspiciada por los barones Rotschild y animada por teóricos del sionismo como Theodor Herzl) de una tierra milenaria donde el mito religioso se mezcla con los pulsos geopolíticos a tono con las expectativas del capital, con alegatos carentes de fundamento.

 

Lo cierto es que el occidente colectivo, tan orgulloso de las razones científicas y tecnológicas, babea de emoción cuando se les convoca a ser partícipes de la venida del Mesías, la construcción del tercer templo y el fin de los tiempos, lo que demuestra que el mesianismo judaico rebasa por la derecha al razonamiento científico.

 

En este contexto, ¿qué mejor que convertir un conflicto regional en uno global?, ¿o despanzurrar naciones enteras en aras del desmadre global que avance en la destrucción total de lo actualmente conocido, reescribir la historia y reformatear la vida y nuestro destino?

 

Al parecer, la nueva edición del mundo proyectada por los sabios talmúdicos calenturientos de geopolítica y delirios farisaicos pasa por la siempre dispuesta atención de Estados Unidos, donde el mito mesiánico se mezcla con el también mandato divino de la excepcionalidad y el “destino manifiesto”.

 

Aquí, la aberración tiene carácter de revelación divina y mandato celestial. En este caso, la razón, el sentido común, el derecho internacional y las ventajas de una vida saludable y pacífica, carecen de sentido frente a la chatarra ideológica y política del supremacismo.

 

Cuando el absurdo se convierte en norma de observancia obligatoria, la mente busca el equilibrio frente a las nuevas circunstancias: todos los días se mata gente en Palestina, todos los días se pisotea a la humanidad con ataques “preventivos” o motivados por la sola sospecha de narcotráfico, todos los días se habla de combatir al crimen y luchar por la democracia y las libertades, todos los días se acusa a tal o cual nación de albergar delincuentes y ser un estado fallido. Se nos recomienda “resiliencia”, o sea, hacer como que no pasa nada mientras el anglosionismo nos pica el trasero.

 

Pero, el que juzga y actúa contra quienes acusa resulta ser el mayor productor y vendedor de armas, en más vicioso consumidor de drogas, el más activo negociante y promotor de estupefacientes, el más perverso desestabilizador político y el más activo impulsor de golpes de estado en el mundo.

 

Con este escenario, la paz y la estabilidad mundial quedan como una simple utopía, un buen deseo que reconforta el optimismo y permite resistir a los embates de la estupidez armada e informatizada, mientras hablamos de aguante y tolerancia civilizada, porque sigue apostándose al diálogo, a la diplomacia, a los buenos modos frente a los malos tratos. El mundo prefiere dejarse ultrajar antes que enfrentar y romperle el hocico al agresor.

 

Otra salida es la de la resistencia activa, la organización entre ciudadanos en la misma nación afectada y el buen entendimiento entre vecinos. Una nación que resiste puede ser ejemplo para las otras, debe inspirar la unión, la colaboración y la coordinación de esfuerzos, por el simple impuso de supervivencia y por la legítima defensa.

 

México, Iberoamérica y el Caribe, por lo pronto y desde luego el Sur global deben enfrentar la grosera agresión anglosionista, sin mamadas, hablando y actuando claro.

 

En otro asunto, pero relacionado con las tomaduras de pelo y el abuso contra los ciudadanos, tenemos algunos proyectos ridículos en ciernes. Por ejemplo, la planta de licuefacción de gas en Guaymas, al servicio de los gringos, la planta de amoniaco en Ohuira, al servicio de Alemania; la construcción de presas en el cauce del río Sonora, al servicio de las mineras; los tandeos disfrazados en Hermosillo, donde, al parecer, se “esfumó” el dinero para las reparaciones de la red de agua potable y la salida “inteligente” es mandar chorritos intermitentes en vez del caudal normal de agua, al menos para el llenado de los tinacos y otros depósitos domiciliarios.

 

Sin embargo, las autoridades sonríen frente a la cámara, aplauden las expectativas de un nuevo T-MEC al gusto de Trump, la colaboración soberana (sic) que permite aproximaciones vergonzosas por parte de soldados y agentes extranjeros en suelo y cielo nacional, las inversiones en renglones estratégicos que debieran cuidarse y reservarse, y como no podía faltar, las autoridades locales que promueven obras e inversiones con un cierto olor a corrupción y cinismo.

 

Mientras tanto, sigamos gozando de la capacidad de distinguir el grano de la paja, y busquemos actuar en consecuencia. Queda claro que, en el reparto de culpas, el perpetrador es quien debe pagar, y que nada justifica el genocidio, el autoritarismo y abuso del poder, el engaño, la corrupción y la ineptitud gubernamental, tanto en el Imperio de Epstein como en su periferia. El pueblo no es culpable, salvo quien se convierte en cómplice del abuso.

 

http://jdarredondo.blogspot.com

 

Fecha de publicación viernes 20 de marzo de 2026

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