Ago 23, 2026

Rocha Moya vuelve a pedir licencia ahora es indefinida

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rocha Moya su regreso es bien aceptado por la población (1)

Imagen de archivo

CULIACÁN SINALOA, MX. — El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ha dejado de nuevo el cargo en la tarde de este sábado, movimiento que cierra su efímero intento de rebeldía. Rocha, de Morena, había vuelto al Palacio de Gobierno este viernes, después de tres meses de ausencia, motivada por los señalamientos de la justicia de Estados Unidos, que lo acusa, junto con otros nueve funcionarios, de tener vínculos con el narcotráfico. Rocha ha dado marcha atrás después de las críticas de sus propios compañeros de partido y de la desaprobación de la presidenta, Claudia Sheinbaum.

 

En una carta dirigida al presidente de la Comisión Permanente del Congreso local, Rocha ha pedido “licencia temporal con carácter indefinido, por más de 30 días” al cargo de gobernador. El veterano político ha publicado una imagen de la carta en sus cuentas de redes sociales, junto al comentario: “Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”. Esta frase parece una respuesta al mensaje que Sheinbaum, compañera de partido, había mandado en la mañana, criticando veladamente la vuelta de Rocha. “El poder sin principios se vuelve arrogancia”, había escrito la presidenta.

 

Las aguas parecen volver a su cauce, después de un día y medio bien agitado. La intempestiva vuelta de Rocha provocó la salida en tromba de Morena. Legisladores, gobernadores y demás cuadros se asomaron a sus balcones virtuales, visiblemente sorprendidos por la decisión de Rocha, criticando su vuelta, dada la gravedad de las acusaciones en su contra. El Departamento de Justicia de EE UU le acusa de conspirar con líderes del Cartel de Sinaloa para exportar grandes cantidades de narcóticos al otro lado de la frontera a cambio de sobornos, señalamiento que comparte con antiguos integrantes de su Gobierno y otros funcionarios.

 

A la vista de lo ocurrido en las últimas 36 horas, parece evidente que Rocha decidió volver a su cargo sin consultar con Palacio Nacional. El mandatario aguantó el desdén de sus pares, pero cedió ante el llamado al orden de Sheinbaum, duro como pocas veces. Su intento de rebeldía rompía con la línea narrativa del Gobierno, que ha criticado las motivaciones políticas de Washington en algunas de las decisiones que ha tomado en los últimos meses. Porque México, aunque crítico, aceptaba la existencia de las acusaciones y aguardaba, sobre el papel, que las agencias investigativas en México las certificaran o desecharan.

 

Pero la decisión de Rocha abría una brecha en el relato gubernamental, aspecto delicado dada la relación complicada que México mantiene con la Casa Blanca, anclada a las exigencias del vecino norteño en materia de seguridad y migración. Las dudas apuntan ahora a las motivaciones del veterano político sinaloense, por qué volvió y por qué en este momento. La noche del viernes y la mañana del sábado han sido escenario de cantidad de elucubraciones sobre el asunto, enmarcado en dos hechos recientes, ambos parte de la a veces increíble historia reciente del Estado, siempre a caballo entre la política y el mundo del hampa.

 

Esta semana, la Fiscalía General de la República (FGR), anunciaba la detención de Fausto Corrales, por su presunta implicación en el secuestro del narcotraficante Ismael Mayo Zambada, en Culiacán, la capital de Sinaloa, en julio de 2024. La dependencia le acusa también de encubrir el asesinato de Héctor Cuen. Ambos eventos están relacionados. En julio de 2024, una facción del Cartel de Sinaloa convocó a Zambada a una reunión en Culiacán, una trampa en realidad, para secuestrarle y llevarle a EE UU, donde sería detenido. Según Zambada, él fue a la reunión para mediar entre Cuen y Rocha, rivales políticos. Cuen sí fue, acompañado por Corrales. El primero fue asesinado ese mismo día. La duda es si Rocha acudió también, cosa que él siempre ha negado.

 

La detención de Corrales ocurría apenas día y medio antes de la vuelta de Rocha a la gubernatura, coincidencia que elevaba los niveles de paranoia en México a máximos nacionales. El segundo hecho relacionado que ocurría esta semana tenía que ver con otro de los acusados por EE UU, Gerardo Mérida, que fue secretario de Seguridad durante el mandato de Rocha. En mayo, Mérida se entregó a las autoridades estadounidenses. Ha permanecido preso en Nueva York durante todo este tiempo, hasta esta semana, que dejó de aparecer en custodia de las autoridades penitenciarias. Desde ahora, Mérida negocia con la justicia, proceso que pasa por entregar información a los fiscales.

 

Ambos casos, el de Corrales y el de Mérida, iluminan el camino de vuelta de Rocha a la gubernatura. El mensaje de Sheinbaum señala su segunda salida. La presidenta ha dicho este sábado que el lunes hablaría del tema, aunque cuando ha atendido a la prensa, Rocha aún seguía de gobernador. Parecen terminar, de momento, las réplicas del terremoto político del fin de semana. Pero las placas tectónicas están en movimiento. EE UU tiene elecciones en noviembre. En México se asume que la campaña electoral de Donald Trump y los republicanos pasa por llamar al orden al vecino del sur.

Fecha de  publicación domingo 23 de agosto de 2026/El País

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