Ago 28, 2026

SOMOS NUESTRA MEMORIA. Hay un intruso en mi

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Dentro del enorme abanico de problemas que enfrenta la psicología actual, existe un fenómeno del que se habla muy poco, pero que se percibe en todos lados: el intrusismo profesional.

Este término se refiere a la intromisión de personas farsantes que, atraídas por los temas de la salud mental, se hacen pasar por psicólogos sin serlo. Se dedican a atender pacientes, diseñar políticas públicas o simular que realizan acciones terapéuticas sin tener la menor idea del sustento científico que hay detrás.

Este cinismo también ocurre en el Derecho o la Medicina, pero en la psicología provoca situaciones alarmantes debido al alto riesgo social que implica. Se han documentado casos trágicos de personas que se quitaron la vida tras acudir con psiquiatras que, de forma negligente, les decían que, si los medicamentos les daban sueño, «aprovecharan para echarse una siesta». El dolor emocional no se cura durmiendo.

A nivel familiar, el intrusismo se disfraza de ignorancia. Muchos padres desconfían de la psicología científica y afirman que «no sirve», tachando de cobardes a sus hijos. Creen que los problemas se quitan «echándole ganas», obligándolos a arrastrar por décadas dolores profundos causados por la depresión, la ansiedad o duelos mal gestionados que no se curan solos.

Un caso doloroso es el de una niña que vio a su madre quitarse la vida. Su padre, un adulto mayor, se niega a llevarla a terapia porque cree que los psicólogos «hacen daño», una idea que se trajo de Estados Unidos. Prefiere delegar la responsabilidad buscando un psicólogo escolar, algo que no va a resolver el fondo. Mientras tanto, la menor padece un duelo complicado grave y una disociación cognitiva alarmante por falta de atención profesional.

El intrusismo también brota entre médicos y psiquiatras que juegan a ser psicólogos. Pretenden dar terapia basándose únicamente en lo poco que leen o presumiendo maestrías en salud mental de dudosa calidad. Esto es un engaño.

Poseer un título médico no autoriza a simular prácticas psicológicas si no se tienen las bases para el entendimiento de la subjetividad y la conducta humana. Lo peor ocurre cuando estos médicos asumen jefaturas de salud mental en el gobierno y coordinan el trabajo de cientos de psicólogos reales. Como no conocen las condiciones del campo, son fácilmente engañados por subordinados complacientes. Así, todos viven felices en sus oficinas mientras la atención al público colapsa.

A nivel social hay psiquiatras charlatanes que se asumen como los reyes de la salud mental, ocultando que el 90% del éxito terapéutico se logra gracias a los psicólogos que atienden diariamente a la gente. El medicamento solo representa el 10% restante, pero es el negocio personal de esos médicos, de los políticos que los sostienen y de las farmacéuticas que los patrocinan. Es indignante que las farmacéuticas se queden con el 90% del presupuesto público de salud mental, dejando solo las migajas para que operen los psicólogos. Un fraude social redondo a costa del erario.

En México sucede lo mismo con el ABC de las emociones del Gobierno Federal en la Secretaría de Salud, es una farsa donde los maestros no serán psicólogos y los psicólogos nos quedamos sin la posibilidad real de atender a las personas que tienen problemas graves de salud.

Incluso las organizaciones internacionales caen en el intrusismo. Desde 2008, la OMS promueve la guía MhGAP para reducir las brechas en salud mental, capacitando al personal general de los hospitales y centros de salud para detectar trastornos. Aunque la iniciativa suena bien, olvidaron advertir que ese personal no tiene el tiempo, la formación ni la capacidad para dar un seguimiento integral. Esto termina siendo otra forma de intrusismo institucionalizado.

Finalmente, el intrusismo digital ha explotado en las redes sociales: «influencers» sin cédula profesional que diagnostican trastornos en videos de treinta segundos, confundiendo por completo a una población vulnerable que busca respuestas desesperadamente. Los intrusos en salud mental son variados y peligrosos, y a los ciudadanos solo les queda aprender a identificar a los verdaderos profesionales para proteger su vida y la de su familia.

Causas y azares:

  • Para los profesionales serios que deseen especializarse con rigor científico, recomiendo inscribirse al diplomado virtual en psicología jurídica y forense que inicia el próximo 2 de septiembre, disponible en: bit.ly/4zK8qk3
  • La tala injustificada de árboles en nuestras ciudades está cobrando un costo político muy alto. La avaricia de los políticos improvisados sigue pisoteando la ecología de las comunidades.
  • Es gravísimo que las empresas públicas federales reporten cero utilidades netas y devoren presupuestos históricos que deberían destinarse al pueblo bueno y sabio, mientras las crisis de salud mental siguen al alza.

Nos estamos viendo, y planta tus propios jardines y decora tu propia alma, en lugar de esperar a que alguien te traiga flores.

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Fecha de publicación viernes 28 de agosto de 2026

 

 

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